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“San Gil tiene una dinámica no sólo espiritual, sino un grito social para quien quiera escucharlo”

El sacerdote Marcelo Trejo reflexionó sobre la trascendencia de una de las fiestas religiosas más convocantes de la provincia.

Marcelo Trejo, el párroco de la iglesia de San Roque, que desde hace 15 años recibe a la marcha de San Gil, destacó que se trata de una experiencia importante, no sólo de fe, sino también de expresión popular del Santiago profundo”, que tiene ya unos 110 años.

 

“Siempre se marca que sus devotos acompañan y su promesa de llegar y sostenerlo, pero también quisiera en este tiempo no solamente remarcar la cantidad de gente, sino la calidad de la gente. Y cuando digo calidad de gente estoy hablando del sentimiento más profundo que tienen ellos, de un Santiago hondo, no visible que mantiene de tradición sobre tradición, herencia sobre herencia, promesa de padres a hijos de continuarla y eso me parece que es una lectura que a la Iglesia no puede no tenerla”, reflexionó.

“Y mucho más ponerse a la altura de las circunstancias y acogerlo, como nos ha enseñado el Papa Francisco y cómo nos enseña el Papa León también”, agregó.

 

Trejo también reafirmó que “no solamente es una opción de fe y de espiritualidad del peregrino de San Gil, sino que hay que empezar a pensar que estas 3.000 personas que vienen del Santiago profundo, del lugar más invisible a la urbe de la ciudad, porque la ciudad no va a esos lugares”.

“Entonces –indicó el sacerdote- la peregrinación también tiene una dinámica no solamente espiritual, religiosa, sino para quien quiera escucharlo también tiene un grito social y una reclama social. Eso me parece importante decirlo y creo que hay que rescatar ese lado también. ¿Qué pasa con todo este Santiago invisible de que no tiene camino a no tiene agua, no tiene luz? Esos son los que vienen. Y por supuesto, es otro paradigma, otro modo de vivir, otro modo de resistir, otro modo de festejar, otro modo de creer en Dios. Y yo creo que la iglesia debe acompañar como dije, pero también la urbe, la ciudad debe aprender a mirar de otro modo estas cuestiones, no solo como desorden, como bullicio, sino como expresiones religiosas y también como gritos sociales que hoy Santiago y Argentina lo necesitan”.

Trejo consideró que se trata de una demanda de visibilidad de estos sectores rurales: “De lo invisible pasar a lo visible, de entender que también son santiagueños, que también tienen derechos de creer, de esperar en Dios y también de esperar reivindicaciones y dignidades tal como nos invita eh la iglesia y el Papa León que pronto lo vamos a tener Dios mediante”.

 

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