Los 6 mitos sobre los aceites que la ciencia desmintió
Varios óleos populares tienen una reputación que no se condice con la evidencia, desde el de coco hasta el de oliva virgen extra, y los especialistas advierten que las creencias más extendidas aplican tanto en la sartén como sobre la piel.

Los aceites para cocinar forman parte esencial de la alimentación cotidiana en hogares y establecimientos gastronómicos de todo el mundo. Su uso se extiende desde la preparación de platos sencillos hasta recetas elaboradas, ya que aportan sabor, textura y ayudan en procesos como la fritura, el salteado o el aderezo de ensaladas. La variedad existente en el mercado abarca aquellos que son de origen vegetal, como el de oliva, girasol, maíz, soja y canola, así como los de origen animal, aunque estos últimos se utilizan en menor medida.
La elección depende de distintos factores, entre ellos las preferencias personales, las necesidades nutricionales y las características de cada método de cocción. Algunos destacan por su estabilidad a altas temperaturas, mientras que otros sobresalen por su aporte de ácidos grasos insaturados y compuestos antioxidantes.
Además, la composición química influye en su impacto sobre la salud, por lo que su consumo y selección están sujetos a recomendaciones de expertos y organismos sanitarios. A lo largo del tiempo, la investigación científica ha permitido conocer mejor el papel que desempeñan los óleos en la dieta y sus posibles efectos en la prevención de enfermedades crónicas.
Mitos sobre los aceites para cocinarCocinar con aceite de oliva es perjudicial
La creencia de que el aceite de oliva virgen extra no debe usarse para la cocción por su bajo punto de humo es infundada. Se teme que, al calentarse, produzca humo y, con él, sustancias nocivas asociadas a enfermedades cardíacas y cáncer. Sin embargo, un estudio de 2022 refuta esta idea: el óleo contiene fenoles que lo protegen durante este proceso y que, además, benefician la salud al reducir la inflamación.
Los aceites de semillas y vegetales son dañinos
Expertos de Harvard y Portland Clinic aclaran que contienen principalmente grasas insaturadas, que ayudan a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El de canola, por ejemplo, aporta omega-3 vegetal y fitoesteroles que contribuyen a disminuir el colesterol. El temor a residuos de hexano, un solvente usado en su extracción, no tiene base científica: las cantidades que permanecen en las versiones comerciales son mínimas y seguras.
El verdadero riesgo surge cuando se reutilizan a altas temperaturas en restaurantes o en la industria alimentaria, lo que genera compuestos dañinos. En el uso doméstico habitual, son opciones saludables cuando se consumen con moderación.
Mientras más caro, mejor para la salud
Existe la percepción de que los aceites de precio elevado, en particular el de oliva virgen extra, ofrecen mayor calidad o beneficios. Sin embargo, el precio no es indicador confiable de pureza ni de valor nutricional. Según Time Magazine, lo fundamental es la frescura, la autenticidad y el origen del aceite, ya que algunos productores están sujetos a controles estrictos de calidad. La mejor forma de elegir un buen producto es prestar atención a la fecha de cosecha y al sabor característico, más que al costo.
El aceite de coco es más saludable que otros
Este óleo suele promocionarse como una alternativa superior, pero tanto Harvard como Portland Clinic advierten que contiene entre un 80% y un 90% de grasas saturadas, superando las recomendaciones de entidades como la Asociación Americana del Corazón. Una cucharada puede cubrir la totalidad de la ingesta diaria recomendada de grasa saturada. Su uso habitual eleva el colesterol LDL y los triglicéridos, por lo que no aporta beneficios cardiovasculares frente al aceite de oliva o de canola.
Otros usos del aceite
El interés por los aceites no se limita a la cocina; diversas tendencias promueven su uso en rutinas de cuidado personal en aspectos que van desde la hidratación del pelo y la piel hasta la salud bucal.
Uso del aceite de coco en el pelo
El óleo es promovido como tratamiento hidratante para el cabello, especialmente en personas que lo tiñen o someten a procesos químicos. De acuerdo con el dermatólogo Joshua Zeichner, especialista en dermatología consultado por Time Magazine, puede formar una barrera protectora que ayuda a reparar el daño y a retener la humedad.
Sin embargo, la dermatóloga Michele Green, otra dermatóloga citada por la revista, advierte que su uso excesivo puede resultar contraproducente y, en casos de caspa, incluso empeorar el problema al favorecer el crecimiento de hongos. Además, no hay evidencia de que el aceite de oliva virgen extra mejore la salud capilar, y el aceite de romero solo muestra efectos positivos en estudios limitados.
Aceites para el cuidado de la piel y el acné
El uso de óleos naturales sobre la piel es otra tendencia frecuente. El ácido láurico de la versión de coco posee propiedades antimicrobianas y podría reducir las bacterias causantes del acné. No obstante, su carácter comedogénico puede obstruir los poros y agravar el problema. Otros aceites, como el de oliva, marula, linaza y zanahoria, también pueden taponar los poros. Los dermatólogos recomiendan preferir cremas hidratantes refinadas y no comedogénicas, aunque algunos aceites, como el de jojoba, argán y almendras, podrían ser útiles en determinados casos, siempre con precaución ante posibles alergias.



