Controversia: el “Primer mapa de la música afroargentina” vuelve a omitir a Santiago
El Archivo de la Memoria Afroargentina publicó una edición corregida de su mapa, que recoge ritmos influenciados por los afrodescendientes, pero lo insólito es que insiste en negar la relevancia de Santiago con la chacarera y la guaracha.

El investigador del Instituto Nacional de Musicología y de la UBA, Norberto Pablo Cirio, volvió a generar polémica por omitir deliberadamente a Santiago del Estero de su segunda edición del mapa actualizado y corregido sobre la influencia africana en la música argentina.
En sus fundamentos expresó que “con casi cinco siglos de existencia, los afroargentinos del tronco colonial (argentinos descendientes de esclavizados en lo que hoy es el país) no despertaron ningún interés académico salvo para negarles relevancia, contemporaneidad y sentido de pertenencia nacional. Respecto a sus prácticas musicales, cuando no se las omitió se reseñaron brevemente, con criterios impresionistas, generalidades, sesgo racista, cita de fuentes variopintas como testimonios positivistas e irrefutables, sentenciando desaparecieron a fines del siglo XIX y no influenciaron en nada a las músicas que fueron premiadas con rótulos de pertenencia al país, como el de folclore”.
Advirtió que este panorama “comenzó a cambiar con uno de los máximos antropólogos contemporáneos, Hugo Ratier”, quien “concluyó que Buenos Aires (fundada siglo y medio antes que Montevideo) tuvo un género autóctono llamado candombe, del cual hubo varios tipos”.

“Aquí presento la segunda edición (corregida y actualizada) el primer mapa de la música afroargentina, fruto de más de tres décadas de estudio como investigador del Instituto Nacional de Musicología ‘Carlos Vega’ -ente en el cual el gobierno de Milei censuró mi investigación- y fundador, en 2011, de la Cátedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afroamericanos (UNLP). En ésta creé en 2019 un grupo de estudio, de convocatoria abierta y ad honorem, para el proyecto ‘Ocupando un lugar (físico) en el imaginario: la presencia afro en la geografía argentina’. Este mapa es nuestra primera publicación y agradezco al Centro Universitario de Idiomas (CUI) la gentileza en diseñarlo, por Pablo Borreani”, destacó.
En cuanto a la polémica que encendió en Santiago del Estero su mapeo, consideró que “de seguro paulatinas investigaciones y el empoderamiento afroargentino de cara a su derecho a la identidad, permitirá actualizar este mapa. Por ejemplo, al publicar la primera versión del mapa recibí críticas por no incuir la chacarera (cuyo epicentro es Santiago del Estero), sucede que este mapa está basado en mis investigaciones y este género no lo he estudiado y, además, los trabajos leídos sobre el tema no me parecen convincentes, de acuerdo al pensamiento científico. Parafraseado a Humberto Eco, este es un mapa abierto, así que quien conozca más, haga el propio”.

La socióloga santiagueña Carolina Saganías, afrodescendiente radicada en Mendoza y que investigó la Salamanca y la influencia afro, le respondió: “Resulta llamativo que ciertos discursos académicos insistan en hablar de invisibilización afroargentina mientras continúan reproduciendo sus propios mapas de ausencia. Porque cuando Santiago del Estero queda afuera de un ‘mapa de la música afroargentina’, no estamos frente a un simple olvido: estamos frente a una forma bastante clásica de construir conocimiento desde categorías que siguen sin poder leer las dinámicas culturales populares que desbordan sus marcos teóricos”.
“Tal vez el problema –advirtió- es que ciertos ritmos del Norte como el cuarteto o nuestra guaracha santiagueña nunca fueron unas músicas cómodas para el folklore oficial ni para cierta antropología cultural. Demasiado negra para la argentinidad blanca, demasiado tropical para el canon folklórico, demasiado villera para la academia y demasiado popular para entrar prolijamente en archivos y genealogías legitimadas desde Buenos Aires”.

Saganías alertó que “mientras algunos siguen buscando africanías únicamente donde el método les enseñó a mirar, en Santiago hace décadas que sobreviven la percusión insistente, la síncopa, el baile colectivo, la lógica coral, el cuerpo como centro y esa mezcla incómoda entre Caribe, monte, bombos y bailanta que la guaracha expresa como pocos ritmos en Argentina”.
“Hay músicas que parecen volverse “científicamente visibles” solo cuando pasan por ciertos circuitos culturales. Lo que nace en patios, barrios y periferias suele quedar reducido a nota al pie, curiosidad tropical o directamente silencio”, cuestionó.

“’La guaracha santiagueña es la única hija que tiene la chacarera’, decía el legendario Jorge Veliz, creador o ‘sistematizador’ de un ritmo único y local que fusionó ritmo de chacarera, golpe de bajo del chamamé tropical/polka paraguaya y percusión colombiana. Me dicen que construya entonces mi propio mapa y que deje de incomodar. Bueno aquí va el mío, pero, a veces los mapas culturales dicen más sobre quienes los construyen que sobre los territorios que intentan representar. Mejor les invito a escuchar, sentir y bailar al compás de uno de los ritmos que musicalizan a menudo nuestro propio Quilombo: la Salamanca Santiagueña, el otro, como ya saben es la Chacarera pero de eso ya hablé en otra ocasión”, finalizó Saganías



