Ciencias

La última hora del día puede arruinar tu sueño: los hábitos que recomiendan evitar los especialistas

Pantallas, trabajo, cenas tardías y estímulos intensos pueden mantener al organismo en estado de alerta y dificultar el descanso. Expertos en medicina del sueño explicaron qué ocurre durante las horas previas a acostarse.

Dormir bien no comienza cuando apagamos la luz. La preparación para un buen descanso empieza varias horas antes y está directamente relacionada con las actividades y los hábitos que se mantienen durante el final del día.

El uso de pantallas hasta último momento, continuar trabajando desde la cama, las cenas demasiado tardías, la exposición a situaciones de estrés o incluso realizar ejercicio intenso cerca de la hora de dormir pueden mantener al organismo activo y dificultar el inicio y la continuidad del sueño.

Especialistas en medicina del sueño coinciden en que el sueño no aparece de manera repentina, sino que requiere una transición progresiva en la que el organismo reduzca su nivel de actividad.

El cerebro necesita bajar el ritmo

El neurólogo Sebastián Yezzi, integrante de la Unidad de Salud del Sueño de INECO, explicó que las actividades que se realizan antes de acostarse funcionan como señales para el cerebro.

En ese sentido, continuar con tareas laborales, revisar mensajes, utilizar dispositivos electrónicos o atravesar situaciones emocionalmente intensas puede impedir que el organismo entre adecuadamente en el estado necesario para descansar.

Por su parte, Facundo Nogueira, jefe del equipo de Medicina del Sueño del Sanatorio Otamendi, sostuvo que el descanso debe ser preparado durante las horas previas a irse a dormir.

Según explicó, durante ese período deberían disminuir progresivamente la actividad muscular, metabólica y digestiva, además de reducirse los estímulos mentales y externos que pueden retrasar la llegada del sueño.

El celular y las pantallas, en el centro del problema

Uno de los principales factores señalados por los especialistas es el uso de dispositivos electrónicos durante la noche.

Llegar a la cama y continuar mirando el celular, responder mensajes, revisar redes sociales o permanecer conectado al trabajo puede mantener al cerebro en un estado de actividad que dificulta la transición hacia el descanso.

El problema no se limita únicamente a la luz de las pantallas. También influye el contenido que se consume: noticias, conversaciones conflictivas, asuntos laborales o cualquier situación que genere preocupación puede aumentar el nivel de activación mental.

“Dormimos como vivimos de día”

El médico clínico Ramiro Heredia, del Departamento de Medicina Interna del Hospital de Clínicas José de San Martín, resumió la relación entre los hábitos cotidianos y el descanso con una frase: “Dormimos como vivimos de día”.

Desde esta perspectiva, la calidad del sueño no depende exclusivamente de lo que sucede durante la noche. Las rutinas, el estrés, los horarios y las actividades que se acumulan a lo largo de toda la jornada también pueden influir en la capacidad de descansar.

Cómo preparar el cuerpo para dormir

Los especialistas recomiendan generar una rutina de transición antes de acostarse. La idea es reducir progresivamente las actividades que demandan atención y evitar estímulos que mantengan al organismo en estado de alerta.

Bajar la intensidad de las luces, limitar el uso de pantallas, terminar las tareas laborales con anticipación y reservar los últimos momentos del día para actividades tranquilas puede favorecer la llegada del sueño.

En definitiva, esa última hora antes de dormir puede ser mucho más importante de lo que parece. Preparar al organismo para descansar permite que el paso de la vigilia al sueño sea más natural y puede contribuir a lograr un descanso más prolongado y reparador.

⚠️ Advertencia médica

Estas recomendaciones son generales y no reemplazan una evaluación médica. Si las dificultades para conciliar o mantener el sueño son frecuentes, persisten durante varias semanas, afectan el rendimiento durante el día o se acompañan de ronquidos intensos, pausas respiratorias, despertares frecuentes o somnolencia excesiva, es importante consultar con un médico o especialista en medicina del sueño.

No se recomienda automedicarse ni utilizar medicamentos o suplementos para dormir sin indicación profesional.

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