El federalismo vuelve a levantar la voz
"Hay momentos en la historia en los que la política deja de explicarse únicamente por los números de una elección o las encuestas".

Por Gabriel Coronel Chalfón
Desde Malvinas hasta el claro mensaje de las urnas en Santiago del Estero, pasando por el rechazo al proyecto de ley de propiedad privada, distintas señales parecen expresar un cambio en el clima social argentino. El senador Gerardo Zamora lo resumió en el Senado con una frase: “Algo está cambiando en la sociedad argentina”. Frente a un país atravesado por años de grietas y centralismo, las provincias vuelven a reclamar protagonismo, soberanía y unidad nacional.
Hay momentos en la historia en los que la política deja de explicarse únicamente por los números de una elección o las encuestas. Son los símbolos los que comienzan a hablar por la sociedad. Y cuando eso ocurre, conviene prestar atención.
El senador Gerardo Zamora sintetizó esa percepción con una frase que resume un clima de época: “Algo está cambiando en la sociedad argentina”.
No parece una afirmación aislada. En los últimos meses comenzaron a aparecer señales de una ciudadanía cansada de la confrontación permanente y con la necesidad de volver a encontrar puntos de encuentro.
La bandera con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”, exhibida en el contexto de la Selección Argentina, trascendió el ámbito deportivo para transformarse en un símbolo que despertó un sentimiento compartido por millones de argentinos.
No fue casual que Malvinas volviera a ocupar el centro de la escena. La soberanía sobre las islas continúa siendo una de esas causas capaces de atravesar diferencias partidarias, ideológicas y generacionales. Esa herida abierta volvió a unir a los argentinos como hacía mucho tiempo no ocurría.
Y mientras buena parte del debate público continúa concentrado en la agenda del frío mármol de Buenos Aires, desde la tierra caliente del “interior”comienza a escucharse otro mensaje.
Las provincias no reclaman solamente recursos o mayor autonomía. También reivindican otra forma de pensar la construcción nacional: un federalismo que no quede reducido a la distribución de fondos, sino que reconozca el protagonismo político, productivo, social y cultural de cada región.
En ese contexto, el resultado electoral de Santiago del Estero adquiere una dimensión que trasciende las fronteras provinciales. La contundencia del respaldo obtenido por el oficialismo local puede leerse como una ratificación de un modelo de gestión provincial, pero también como una expresión política frente a decisiones nacionales que amplios sectores de la población consideran distantes de la realidad cotidiana de las provincias.
Porque detrás de las estadísticas existen familias, trabajadores, comerciantes, productores y jubilados. Existe una Argentina real que muchas veces queda lejos de los fríos escritorios donde se toman las grandes decisiones nacionales.
Las provincias, además, sostienen la mayor parte del entramado productivo argentino. Desde el Norte Grande hasta la Patagonia, las economías regionales, el campo, la agroindustria, la minería, la energía y el turismo generan riqueza, trabajo y divisas para todo el país.
Sin embargo, durante décadas, el federalismo quedó demasiadas veces reducido a una discusión presupuestaria entre gobernadores y la Nación.
El discurso pronunciado por el Dr. Gerardo Zamora en el Senado recuperó otra mirada.
“Basta de grietas”, al convocar a reconstruir una agenda común para los argentinos. La frase encierra una definición que excede cualquier pertenencia partidaria. No significa desconocer las diferencias ni renunciar al debate democrático. Significa comprender que ningún proyecto nacional puede sostenerse indefinidamente sobre la división de los argentinos ni construirse postergando las necesidades de las provincias.
La Argentina necesita recuperar un federalismo activo.
Un federalismo donde las decisiones estratégicas no nazcan exclusivamente desde la Capital Federal, sino que incorporen la experiencia, las necesidades y las potencialidades de las provincias.
Porque el verdadero federalismo no consiste solamente en distribuir recursos. Consiste en distribuir oportunidades, infraestructura, inversión, educación, producción y posibilidades de futuro.
Allí aparece uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: construir una Nación donde el desarrollo de una persona no esté condicionado por el lugar del país en el que nació.
Quizás por eso la consigna “La patria no se vende” encontró tanta resonancia.
Porque, más allá de cualquier utilización partidaria, esas palabras remiten a sentimientos profundamente arraigados en la historia argentina: la defensa de la soberanía, del trabajo, de los recursos naturales y de la capacidad del país para decidir su propio destino.
Y también expresan una demanda: que las provincias dejen definitivamente de ser espectadoras de las decisiones nacionales y se conviertan en protagonistas de la Argentina que viene.
Durante demasiado tiempo se habló del “interior” como si fuera la periferia de la Nación.
Pero la Argentina profunda no es la periferia.
También es el centro de la Patria.
Allí se produce. Allí se trabaja. Allí están los recursos estratégicos. Allí viven millones de argentinos que reclaman ser escuchados no solamente durante las campañas electorales, sino cuando llega el momento de decidir el rumbo del país.
Si realmente algo está cambiando en la sociedad argentina, como sostiene el senador Gerardo Zamora, quizás ese cambio no nazca en los tradicionales centros de poder.
Quizás esté comenzando mucho más lejos de los despachos porteños.
En el profundo latir de las provincias.
En una sociedad cansada de las divisiones.
En la memoria de Malvinas.
En la defensa de la soberanía.
Y en una idea que atraviesa nuestra historia desde el nacimiento mismo de la Nación: sin provincias fuertes no existe una Argentina verdaderamente federal.
Porque cuando las provincias levantan la voz, no habla una Argentina distinta. Habla la Nación entera.



