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El Mundial 2026 despierta la fiebre de las cábalas: por qué el cerebro necesita creer en los rituales futboleros

Los hinchas argentinos se aferran al pensamiento mágico para controlar la ansiedad.

Con la fase de grupos ya finalizada y el inicio de los 16avos de final del Mundial 2026, la tensión crece entre los hinchas argentinos.

A medida que el margen de error desaparece y cada partido se vuelve decisivo en el camino hacia la final, regresan los rituales clásicos como sentarse en el mismo lugar, usar la camiseta de la suerte o mirar el partido con las mismas personas. Aunque racionalmente se sabe que estas acciones no modifican lo que ocurre en la cancha, los especialistas aseguran que cumplen una función psicológica muy importante vinculada a la identidad colectiva, la autoestima social y la proyección de ilusiones compartidas.

Los expertos coinciden en que estas costumbres aparecen como una respuesta natural frente a la incertidumbre y la falta de control sobre el resultado. Desde la psicología y la psiquiatría se define a las cábalas como una expresión del pensamiento mágico que le permite al hincha dejar de ser un simple espectador para transformarse, de forma simbólica, en un participante activo.

De este modo, el cerebro busca reducir la ansiedad que provoca lo desconocido, utilizando estos pequeños rituales como una herramienta para recuperar una sensación de alivio y control.

Desde la perspectiva de la neurociencia, la insistencia en repetir estos comportamientos responde a que el cerebro tiende a asociar hechos que ocurrieron al mismo tiempo, aun cuando no exista una relación real entre ellos. Si la Selección gana mientras se usa una prenda específica, se registra esa coincidencia como un vínculo causal, mientras que los recuerdos de las derrotas con esa misma ropa suelen ser relegados. Este fenómeno, denominado sesgo de confirmación, fortalece la creencia de que el ritual funciona a pesar de la falta de evidencia científica.

Esta necesidad de aferrarse a las costumbres no es exclusiva de los hinchas en las tribunas o en sus casas, sino que se extiende a los propios protagonistas dentro del campo de juego. Un ejemplo emblemático es el de Leandro Paredes y Rodrigo De Paul, quienes mantienen el hábito de masticar caramelos en el círculo central antes de cada encuentro desde 2021.

No obstante, los especialistas aclaran que existe una diferencia clave entre las rutinas deportivas, orientadas a estructurar la concentración del atleta, y las cábalas, que directamente le atribuyen a un gesto el poder de modificar el marcador final.

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