Ciencias

Cuál es el alimento milenario con beneficios comprobados que podría cambiar la salud digestiva

Nuevos estudios médicos y especialistas internacionales resaltan cómo este producto ancestral, hoy bajo la lupa científica.

Nuevos estudios médicos y especialistas internacionales resaltan cómo este producto ancestral, hoy bajo la lupa científica, puede modificar la composición de la flora intestinal y ofrecer aportes innovadores para el sistema digestivo y el metabolismo

El kéfir dejó de ser solo un alimento tradicional para convertirse en objeto de interés científico en los últimos años. Este fermento, consumido desde hace siglos, hoy es estudiado como un sistema complejo de microorganismos que puede influir en distintos procesos del organismo, especialmente en la salud intestinal y metabólica.

Estudios publicados en revistas como Nature y Science, junto con evaluaciones clínicas de instituciones como Clínica Mayo y Cleveland Clinic, destacan que el kéfir puede contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal —el conjunto de bacterias que viven en el intestino— y tener efectos positivos sobre la salud metabólica y cardiovascular.

A diferencia de los suplementos probióticos convencionales, que suelen contener una o pocas cepas de bacterias, el kéfir funciona como un ecosistema. Sus “granos” están formados por una matriz de azúcares y proteínas donde conviven bacterias y levaduras en equilibrio.

De acuerdo con Harvard, a diferencia de otros fermentos, el kéfir se inicia adquiriendo nódulos vivos que actúan como una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras, la cual, al alimentarse de la leche, se reproduce y crece en volumen con cada ciclo, permitiendo obtener una fuente inagotable de probióticos en casa.

Kéfir de leche y de agua: dos variantes con diferencias concretas
Aunque ambos productos se denominan kéfir, existen diferencias importantes entre sus versiones.

El kéfir de leche se obtiene a partir de leche de vaca, cabra u oveja. Su composición incluye calcio, proteínas y péptidos bioactivos generados durante la fermentación. También aporta vitaminas como B12 y K, además de compuestos con posible efecto antihipertensivo.

El kéfir de agua, también conocido como tibicos, se prepara con soluciones azucaradas, a menudo combinadas con frutas. En este caso, los microorganismos utilizan la sacarosa y generan una matriz diferente, con presencia de dextrano y compuestos aromáticos, según estudios citados por Science y la Clínica Mayo.

Esta variante es apta para personas que no consumen lácteos, ya sea por intolerancia o por elección alimentaria. De acuerdo con la Cleveland Clinic, su perfil de ácidos orgánicos lo convierte en una alternativa interesante dentro de dietas restringidas.

Qué ocurre durante la fermentación

El proceso de fermentación del kéfir dura entre 18 y 24 horas y se desarrolla en condiciones controladas de temperatura. Durante este tiempo, bacterias y levaduras transforman los azúcares en compuestos bioactivos conocidos como postbióticos.

Estos incluyen ácidos orgánicos como el ácido láctico y el ácido acético, que reducen el pH del producto y crean un entorno desfavorable para bacterias dañinas. Según Nature y Harvard Health Publishing, este ambiente es clave para su estabilidad y seguridad.

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