Las olvidadas mujeres que habitaban El Remansito (Choya) en 1869
Una investigación sobre el censo nacional relizado ese año en ese rincón del departamento Choya arroja luz sobre las mujeres que habitaron allí, subestimadas por los historiadores, hasta ahora. ¿Quiénes eran? ¿Cómo se ganaban la vida?

Por Eliseo Morán (*)
I
Josefa Gardel tenía 20 años, era santiagueña y había quedado viuda a muy temprana edad, no sabía leer ni escribir y no había tenido la posibilidad de asistir a la escuela, era la única portadora del apellido, por lo que es muy probable que su marido haya sido miembro de alguna de las familias del caserío. ¿Abastecedora? ¿Almacenera? Sólo comerciante, y a partir de ello todo lo que uno pueda imaginar. Posiblemente fondera, más seguramente pulpera de una zona de descanso, de paso, donde viajeros paraban a descansar y alimentar a los caballos.
Su nombre debe haber sido referencia para el universo de viajeros que pasaban por las tierras de El Remansito.
Cuando Liberata Pintos nació sesionaba en las provincias unidas del Río de la Plata la asamblea del año XIII, fue contemporánea de San Martín y su epopeya libertadora, vivió los años de Rosas y los sucesos de la autonomía provincial. Tenía 56 años, soltera, oriunda de Santiago del Estero, madre de varios hijos, no sabía leer ni escribir, de ocupación criada.
Hasta 1869 vivió las más importantes transformaciones que configuraron la Argentina independiente.
Labrar era una actividad que desempeñaban quienes poseían tierras, no llegaban al rango de los estancieros pero tenían propiedad y formaban parte de los sectores que estructuraban el mundo del trabajo de la época. Las labradoras eran dos, María Arevalo y Gerónima Espeche, cuñadas. María estaba casada con Maximiano Espeche, de oficio labrador.
Gerónima era soltera, ambas sabían leer y escribir, lo que evidenciaba esa diferencia de estatus social. Ambas mujeres pertenecían a una familia de propietarios (criadores y labradores) lo que aparentemente también otorgaba cierto capital cultural.
¿Qué hacía una niña de 12 años? Purísima Villa por ejemplo era peona, y esta actividad que empleaba a la mayor cantidad de mujeres la realizaba también Pedronita Suarez, de 20 años, Juana Coronel de 30, Eugenia Paz de 50 años, o Juana Cárdenas de 18 años. 27 mujeres se empleaban como peonas y representaban casi el 50 por ciento de personas empleadas en esta actividad. Ninguna sabía leer ni escribir. ¿En qué consistía la tarea de las peonas? Apilaban, limpiaban, pastoreaban, cuidaban animales, sembraban. Un sin fin de actividades no específicas podrían desarrollar mujeres que podían tener 12 o 50 años, es decir niñas o mujeres adultas. ¿Cómo se les pagaba? ¿Qué recibían a cambio de su trabajo?
Una mujer de 18 años como Lorenza Barrasa podía ser sirvienta al igual que Francisca Ybañez. Las mujeres trabajadoras, puede que hayan sido peonas, sirvientas o criadas, no tenían acceso a la lectura y la escritura.
Las mujeres en edad escolar eran 22, es decir las que tenían entre 6 y 14 años, solo 4 iban a la escuela y sabían leer y escribir, se trataba casi siempre de niñas pertenecientes a una familia de propietarios. Ir a la escuela implicaba recorrer varios kilómetros hasta San Pedro de Choya donde funcionaba una de las pocas escuelas de la provincia. Es muy posible también que la educación haya sido impartida por alguna persona en casa particular.
Las niñas de menor edad no declaraban actividades, posiblemente esperaban el momento para trabajar en la estancia, lo cierto es que la mayoría de estas niñas iban a vivir en una sociedad completamente diferente a la de sus padres.
La cuestión del matrimonio era también importante, las mujeres es muy probable que hayan sido entregadas en matrimonio a hombres de mayor edad, por ejemplo la edad promedio en que muchas mujeres se encontraban ya casadas era a los 15 años, en muchos casos con hombres que las duplicaban en edad y en otros que les llevaban 5 a 10 años de diferencia. Lo cierto es que el matrimonio para las mujeres parecía empezar demasiado temprano, y también la maternidad.
II
Lo que mueve una investigación es una pregunta, la pregunta conserva en sí misma toda su carga dice Carlo Guinzburg (2016) parafraseando a Berlot Bretch y tiene razón. ¿Qué hacían y a qué se dedicaban las mujeres en un tiempo determinado, en un lugar determinado? El lugar es El Remansito, el año es 1869, un espacio geográfico periférico del departamento Choya, cuando desde el gobierno nacional se llevó a cabo el primer censo nacional de población.
Las preguntas son muchas, sobre la sociedad, la economía, el trabajo y otras dimensiones. Como dice Iván Jablonka (2016) uno hace historia para responder a los grandes acontecimientos de su vida (…) y lo que modera la emoción del investigador y contiene sus hipótesis proliferantes son las fuentes. La historia es la canalización de una pasión, es decir, que la construcción de las respuestas se hacen con los archivos, las historias orales, los documentos y monumentos y las memorias.
Una de mis grandes pasiones es Frías, y saber como se ha formado invita a pensar en todos sus aspectos estructurantes y contingentes, allí aparece lo que Joan Scott llama el género como una categoría útil, es decir de análisis, de disputa de poder, para entender las relaciones de fuerza y el vínculo entre quienes habitaban esas sociedades.
III
Mientras escribía esta nota , que es tan solo un pequeño recorte (de un trabajo más grande) para las redes sociales pensaba en lo poco que sabemos de la historia de las mujeres en la ciudad, que en realidad va de la mano con lo poco que sabemos sobre la historia de Frías y el mundo del trabajo.
¿A qué podemos atribuir estás ausencias? Hay varios factores a tener en cuenta, la marginalidad de Frías en la historia de la provincia, que es la historia de la Mesopotamia, cada lugar tiene su centro, la historia de Santiago sucede entre los dos ríos. Por otro lado, la falta de acceso a los archivos públicos municipales, la no organización de espacios municipales como archivos, solo por citar algunos que hacen al mundo de lo material y el desinterés de las gestiones públicas por la propia historia de la ciudad.
No puedo dejar de mencionar la falta de enseñanza de la historia local en el ámbito de los institutos de formación docente, la ausencia de historia de Frías o regional en el currículum de la formación docente educación secundaria.
Toda pregunta tiene una intencionalidad, toda respuesta es un encuentro con un archivo, una fuente, un algo de verdad que nos ayuda a comprender cómo es que fue la vida de las personas. En este trabajo es el censo de 1869, allí están las mujeres de ese tiempo viviendo en una matriz societal basada en la estancia, con una economía de corto alcance, de muy lentas transformaciones sociales, donde la principal autoridad aun la sostenía la iglesia católica y los propietarios de estancia. Allí están, aún no lo saben pero falta poco tiempo para que el mundo, su mundo se transforme para siempre y a una velocidad nunca antes vista.
*Profesor de Historia, de Frías.
Fuentes y bibliografía
● Cédulas censales de 1869 del departamento Choya. Primer censo de la República
Argentina.
● Jablonka, Ivan. La Historia es una literatura contemporánea: manifiesto por las
ciencias sociales- 1°ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fondo de cultura
económica, 2016.
● Guinzburg, Carlo. El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo
XVI. 1°ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires- Ed. Ariel, 2016.
● Scott Joan, El género una categoría útil para el análisis histórico – 1985.
Fotos ilustrativas del Archivo General de la Nación.