La otra cara del boom de la inteligencia artificial: la deuda invisible que preocupa a los mercados
Un informe elaborado en Japón por Nikkei y difundido esta semana, basado en el análisis de los estados financieros de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle, calcula que esas cinco compañías ya acumulan u$s1,65 billones en "deuda oculta".

La carrera global por desarrollar infraestructura para inteligencia artificial ya no se mide solamente por la cantidad de chips de NVIDIA, los nuevos centros de datos o la capacidad de cómputo instalada.
Detrás del boom también se está gestando una nueva fuente de vulnerabilidad financiera: el crecimiento de los pasivos fuera de balance, obligaciones que las empresas aún no registran como deuda tradicional pero que deberán afrontar en los próximos años, informó Ámbito.
Un informe elaborado en Japón por Nikkei y difundido esta semana, basado en el análisis de los estados financieros de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle, calcula que esas cinco compañías ya acumulan u$s1,65 billones en “deuda oculta”.
Esta cifra es equivalente al 122% de la deuda que actualmente figura en sus balances. Se trata de compromisos de largo plazo asociados principalmente a contratos para construir, alquilar y operar centros de datos destinados a inteligencia artificial, según el informe.
La magnitud del fenómeno refleja el cambio de escala que atraviesa la industria. Hasta hace pocos años, las inversiones tecnológicas se financiaban mayormente con flujo de caja propio.
Sin embargo, la necesidad de desplegar enormes capacidades de procesamiento para entrenar modelos de IA está obligando a las compañías a comprometer recursos durante períodos de hasta diez o quince años, muchas veces mediante contratos que todavía no aparecen como deuda financiera bajo las normas contables vigentes.
Un recurso contable válido, pero no inocuo
Los especialistas aclaran que no se trata de una maniobra ilegal ni de un ocultamiento contable. Las obligaciones permanecen fuera del balance porque corresponden a contratos cuyos activos aún no entraron en funcionamiento.
Mientras los centros de datos permanecen en construcción o las instalaciones todavía no prestan servicios, esos compromisos se informan en las notas de los estados contables, pero no incrementan formalmente el endeudamiento de las compañías.
El caso más llamativo corresponde a Meta, que acumularía alrededor de u$s420.000 millones en obligaciones por fuera de su balance, aproximadamente tres veces superiores a la deuda financiera que declara oficialmente.
Oracle aparece como otro de los casos más significativos: sus compromisos asociados a infraestructura de IA crecieron de manera explosiva durante los últimos cuatro años, impulsados por su estrategia de convertirse en uno de los principales proveedores de capacidad de cómputo para modelos de inteligencia artificial.
Las grandes tecnológicas firman contratos de largo plazo con operadores de centros de datos, empresas energéticas y fabricantes de infraestructura, garantizando pagos futuros independientemente de que la demanda efectiva de servicios de IA alcance o no las proyecciones actuales.
Esos acuerdos permiten acelerar la construcción de capacidad informática sin necesidad de registrar inmediatamente toda la inversión como deuda.
El fenómeno coincide con un crecimiento sin precedentes del gasto de capital del sector. Diversas estimaciones proyectan que los grandes “hiperescaladores” destinarán más de u$s700.000 millones a infraestructura de IA durante 2026, mientras algunos bancos de inversión consideran que la inversión global podría acercarse a u$s3 billones hacia 2028.



