Femicidios en Santiago: “Es la punta de un iceberg de violencias estructurales”
Santiago del Estero registra históricamente una de las tasas más altas de femicidios del país en relación con su población femenina.

Tras un febrero marcado por reiterados femicidios en Santiago del Estero, desde el ámbito académico advierten que las muertes son apenas la expresión más extrema de una trama profunda de violencias estructurales que no logra revertirse.
La doctora Cecilia Canevari, investigadora del INDES e integrante del Grupo Géneros, Política y Derechos de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, señaló que cada caso “es un golpe, una batalla perdida en el intento de construir relaciones más justas entre las personas”, y subrayó que las muertes recientes deben leerse dentro de un fenómeno sostenido en el tiempo.
En diálogo con medios de la universidad, Canevari recordó que, según los relevamientos que el equipo viene realizando desde hace más de una década, Santiago del Estero registra históricamente una de las tasas más altas de femicidios del país en relación con su población femenina. “La tasa no es sólo un número: habla de la proporción de mujeres asesinadas en relación con las que habitan la provincia. Es una vergüenza nacional”, afirmó.
Para la investigadora, el femicidio es “la punta de un iceberg”. La muerte es el momento visible, pero debajo existen múltiples formas de violencia previas: física, psicológica, económica y simbólica. En la mayoría de los casos, los agresores son parejas o exparejas, muchas veces padres de los hijos de las víctimas.
Canevari marcó una diferencia clave respecto de otras muertes violentas: “Aquí hay una desigualdad estructural de poder y de fuerza. No son peleas entre pares; son relaciones atravesadas por mandatos de masculinidad que legitiman el control y la violencia”.
También advirtió sobre intentos de femicidio y agresiones graves que no siempre ocupan el mismo espacio en la agenda pública, pero que evidencian la persistencia del problema.
En relación con la percepción de que muchos casos ocurren en el interior provincial, explicó que el número de femicidios en zonas rurales es proporcional a la población que vive en esos territorios. Sin embargo, advirtió que el contexto rural presenta mayores obstáculos para la prevención y el acceso a la justicia.
“En pueblos pequeños hay proximidad entre agresores; las mujeres encuentran más dificultades para denunciar. A eso se suman las distancias y la falta de recursos”, sostuvo.
EL ROL DE LA UNIVERSIDAD
Desde la UNSE, indicó, existen espacios académicos que abordan la perspectiva de género en distintas carreras, aunque consideró necesario profundizar y ampliar estos contenidos. “Las aulas son espacios privilegiados para reflexionar sobre las violencias y desmontar estructuras patriarcales muy arraigadas”, expresó.
Para Canevari, uno de los mayores desafíos es generar instancias de reflexión dirigidas a los varones: “Mientras no se revisen los mandatos de masculinidad que impulsan respuestas violentas ante la frustración o la pérdida de control, el problema persistirá”.
Finalmente, convocó a sostener la participación social y las manifestaciones públicas como forma de visibilizar la problemática y exigir decisiones políticas acordes a su gravedad. “Es necesario dar un mensaje claro a la comunidad y a las autoridades: estas violencias requieren compromiso, presupuesto y políticas sostenidas en el tiempo”, concluyó.



