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Consumo de carne de burro: entre el valor nutricional y los riesgos sanitarios

Desde el punto de vista nutricional, un ingeniero en alimentos destacó que se trata de una carne “de excelente calidad”.

En una entrevista con el ingeniero en alimentos Germán Costas, se abordó una problemática que gana visibilidad en el norte argentino: el consumo de carne de burro y sus implicancias legales, sanitarias y culturales.
Según explicó el especialista, actualmente existe un vacío en el Código Alimentario Argentino (CAA), ya que esta carne no está incluida dentro de las permitidas para su comercialización. Esto genera que gran parte del consumo provenga de faena clandestina o de autoconsumo, lo que representa un riesgo sanitario significativo.
Desde el punto de vista nutricional, Costas destacó que se trata de una carne “de excelente calidad”, con bajo contenido graso y alta concentración de hierro, lo que le otorga un color rojo intenso y un sabor levemente dulzón. Sin embargo, fue contundente al señalar que “sin control veterinario ni sello de inspección, no hay garantía de seguridad alimentaria”.
El ingeniero también advirtió sobre posibles enfermedades como la triquinosis y otras zoonosis, además de los riesgos de contaminación durante el proceso de manipulación sin las debidas condiciones de higiene.
En cuanto al contexto regional, indicó que el consumo tiene arraigo histórico en zonas rurales del NOA, pero que su crecimiento actual responde en gran parte a la crisis económica y al alto costo de la carne vacuna.
Finalmente, Costas vinculó esta situación con problemas estructurales del país, como la falta de políticas agropecuarias sostenidas y el debilitamiento de organismos de control sanitario. “Tenemos profesionales capacitados y herramientas tecnológicas, pero falta acompañamiento y planificación a largo plazo”, concluyó.

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