Chicos que se sienten animales: una psicóloga reveló qué hay detrás del fenómeno argentino
Su avance por la juventud argentina ha llamado la atención en las redes sociales en las últimas semanas.

Lo que empezó como contenido de nicho en TikTok y foros específicos hoy ocupa minutos en televisión abierta, hilos interminables en X y debates familiares: los therians se volvieron tema masivo. Sin embargo, entre memes y burlas, el fenómeno suele explicarse con categorías confusas que no siempre ayudan a entender qué está pasando.
En diálogo con el medio MDZ, la licenciada en Psicología Aldana Ferreira (matrícula 4047) propuso un punto de partida claro: ordenar el vocabulario antes de emitir juicios. “Lo primero es separar términos, porque en redes se usan mal y eso termina armando un juicio injusto”, sostuvo. Para la especialista, muchas discusiones parten de una base equivocada.
Ferreira remarcó que, en la mayoría de los casos, no se trata de personas que crean haber dejado de ser humanas. “No hablamos de cambiar de cuerpo ni de abandonar lo humano; hablamos de un vínculo simbólico con rasgos de un animal”, explicó.
Esa identificación puede incluir gestos, estéticas o conductas en determinados espacios (encuentros, redes sociales, juegos de rol), pero no implica que la vida cotidiana quede reemplazada por una dinámica “animal”. Hay un componente lúdico y performático que forma parte de la experiencia.

ADOLESCENCIA, PERTENENCIA Y COMUNIDAD
Lejos de interpretarlo como una “moda vacía”, la psicóloga lo vincula con procesos propios de la adolescencia. En esa etapa, la identidad está en construcción y los grupos cumplen una función central. “Funciona como un grupo identitario: te reconocen por cómo te mostrás, por lo que hacés y por el sentido de comunidad”, señaló.
En este marco, “therian” no necesariamente es una etiqueta definitiva. Puede ser una etapa, una exploración o un modo de simbolizar emociones difíciles de poner en palabras. “En la juventud, muchas veces se proyecta lo que duele o lo que falta en símbolos. Esa es una lectura posible”, indicó Ferreira.
Para bajar la intensidad del debate, la especialista propuso mirar hacia atrás. Otras generaciones atravesaron procesos similares con las llamadas tribus urbanas: floggers, emos, punks o skaters también fueron objeto de alarma social. “Hoy cambia el formato, no la necesidad de identidad”, resumió.
Las redes sociales amplifican el fenómeno y lo vuelven más visible, pero la búsqueda de pertenencia no es novedosa. Lo que sí cambia es la velocidad con la que circulan las imágenes y la facilidad con la que se construyen estigmas.
¿CUÁNDO MIRAR CON ATENCIÓN CLÍNICA?
Ferreira fue enfática en un punto: no todo lo llamativo es patológico. “Que sea llamativo no lo vuelve enfermedad”, advirtió. Aun así, reconoció que pueden existir situaciones particulares donde haya confusión con la realidad y sea necesaria una evaluación profesional.
La clave, según explicó, es evitar la generalización automática. Un video viral no alcanza para establecer diagnósticos, y la rareza social no es un criterio clínico en sí mismo.



