Alimentos en alza: $540.611 para no ser indigente en febrero en Santiago y La Banda
El relevamiento del ISEPCi indica que una familia necesitó más de $540 mil en febrero solo para cubrir alimentos, en un contexto de suba de precios y caída del consumo.

El relevamiento del Índice Barrial de Precios (IBP) de febrero de 2026, trabajo realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política (ISEPCi), que en Santiago del Estero tiene como directora a la Lic. Camila Villaverde Vivas, confirma la profundización de una dinámica que ya se consolidó durante el primer bimestre: los alimentos continúan aumentando en los barrios mientras el consumo sigue en retracción.
Este dato nos resulta especialmente relevante porque se da en un contexto donde las ventas minoristas registraron una caída interanual del 5,6% en febrero, acumulando una retracción del 5,2% en el primer bimestre del año, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
Según el relevamiento de consumo de la CAME, el rubro de alimentos y bebidas cayó un 8,7% interanual, mostrando con claridad que el ajuste de los hogares se sigue concentrando en la mesa cotidiana.
Esta aparente contradicción de precios que suben mientras se vende menos, expresa una dinámica estructural que el IBP viene registrando: las familias no dejan de necesitar alimentos, pero sí se ven obligadas a comprar menos, más fraccionado y de menor calidad.
En los barrios de Santiago capital y La Banda, esto se traduce en compras diarias, menor volumen, segundas marcas, reemplazo de proteínas, postergación de frutas y verduras.
Más caro alimentarse, más restringido consumir
Los datos de febrero consolidan un rasgo estructural del inicio de 2026: la inflación en alimentos sigue deteriorando la capacidad de compra de los hogares, incluso en un contexto de caída sostenida del consumo.
“El descenso de ventas no responde a una mejora de precios, sino a la imposibilidad material de sostener los mismos niveles de compra. La combinación entre aumentos en bienes esenciales, presión tarifaria y salarios rezagados profundiza la vulnerabilidad social y hace que el ajuste recaiga nuevamente sobre la alimentación”, alertaron desde el ISEPCi.
La Canasta Básica Alimentaria (CBA) para el conglomerado Santiago/La Banda, relevado en negocios de cercanía de barrios, registró que una familia tipo necesitó $540.611 solo para cubrir sus alimentos y no caer bajo la línea de indigencia durante febrero 2026. Con una variación del 5.09% con respecto al mes de enero.
La misma familia requirió un millón doscientos mil de pesos, para solventar los productos de la Canasta Básica Total (CBT) que, además de los alimentos, incluyen los gastos para el mantenimiento del hogar, transporte, educación, salud y otros gastos indispensables para la vida cotidiana. Es decir, para que una familia tipo en Santiago del estero no se encuentre bajo la línea de la pobreza necesitó concentrar ingresos equivalentes a $1.216.375, que implica una variación del 5% con respecto al mes de enero.
El análisis acumulado de enero y febrero nos permite observar una tendencia clara: el costo de la alimentación crece por encima de la capacidad de compra de los hogares.
Desde los relevamientos llevados adelante en el primer bimestre por el ISEPCI, los alimentos básicos acumularon una suba superior al 7%, configurando el incremento más fuerte desde marzo de 2024.
Este escenario de suba sostenida de productos esenciales, especialmente en rubros como carnicería, almacén y verdulería, impacta directamente sobre la calidad de la dieta y obliga a las familias a reducir cantidades, sustituir marcas y postergar otras necesidades.
Aumentos por rubro: dónde se sintió más la suba
En el rubro carnicería se manifiesta el mayor aumento mensual, con una suba del 6,57%, y además sostuvo la variación interanual más elevada, alcanzando el 49,88%.
En verdulería, la variación mensual fue del 5,52%, mientras que el incremento interanual llegó al 37,86%.
Por su parte, el rubro almacén registró una suba mensual del 3,54% y una variación interanual del 20,39%.
En conjunto, estos datos nos muestran que el aumento de la canasta en febrero no respondió a un solo factor aislado, sino a una presión simultánea sobre los tres grandes rubros de consumo básico, con especial impacto en carnes y verduras, que son además los componentes más sensibles en la calidad de la dieta de las familias.
Precios altos y endeudamiento
En los meses transcurridos de 2026, la irregularidad en los créditos destinados a familias alcanzó el 10,6%, el nivel más alto desde 2010, según datos del Banco Central. Esto implica que más de una de cada diez deudas bancarias de los hogares presenta atrasos en los pagos, cuadruplicando el registro de enero de 2025, cuando la mora era del 2,67%.
El deterioro es aún más visible en los préstamos personales, donde la morosidad asciende al 13,2%, mostrando que una parte creciente de los hogares está utilizando financiamiento no para expandir consumo, sino para cubrir gastos básicos, refinanciar tarjetas o sostener pagos corrientes. Y sin mencionar el fenómeno de las billeteras virtuales, que tienen un índice de morosidad está por encima del 25%.
Este fenómeno se relaciona directamente con la evolución del costo de vida que reflejamos por ejemplo con el IBP. Cuando una familia necesita más de un millón de pesos para no caer bajo la línea de pobreza, mientras los salarios, changas e ingresos informales no logran recomponerse al mismo ritmo, el crédito deja de ser una herramienta de planificación y pasa a convertirse en una estrategia de supervivencia cotidiana.
La consecuencia es un círculo cada vez más difícil de sostener. Las familias tienen que usar tarjeta para comprar alimentos, se toma un préstamo para pagar la tarjeta, se refinancia cuotas con nuevas deudas, y una porción creciente del ingreso mensual queda absorbida por intereses y vencimientos.
Desde el ISEPCI explicaron que con dicho informe “se busca no solo mostrar cuánto cuesta vivir en los barrios, sino también permitir comprender por qué cada vez más hogares llegan a mitad de mes recurriendo a deuda para sostener consumos esenciales”.
“La combinación entre alimentos en alza, caída del consumo, ingresos rezagados y endeudamiento creciente configura un escenario que da cuenta de una crisis económica y social en desarrollo, donde el ajuste se desplaza directamente sobre la mesa familiar y sobre la posibilidad misma de proyectar la vida cotidiana”, concluyeron.



