Donald Trump recibió a Xi Jinping en la Casa Blanca y acordaron extender la tregua comercial hasta el 10 de enero
En un encuentro cumbre en Washington, los mandatarios de Estados Unidos y China pausaron la escalada de aranceles mutuos. Washington suspenderá temporalmente las tarifas adicionales a productos tecnológicos mientras Pekín se compromete a reiniciar las compras masivas de insumos agrícolas y soja.

En una jornada decisiva para los mercados globales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió en la Casa Blanca a su par de la República Popular China, Xi Jinping. Tras más de tres horas de negociaciones a puertas cerradas, ambas potencias acordaron formalmente una prórroga en la guerra comercial, extendiendo la tregua arancelaria hasta el próximo 10 de enero de 2027.
El entendimiento busca otorgar previsibilidad a las cadenas globales de valor y desacelerar la volatilidad financiera desatada por las recientes represalias aduaneras en el sector tecnológico y de materias primas.
Ejes del acuerdo bilateral entre Washington y Pekín
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Freno a la escalada arancelaria: Estados Unidos aplazará la entrada en vigencia del incremento de alícuotas del 15% que preveía aplicar sobre importaciones de componentes electrónicos, semiconductores y baterías de litio provenientes de la nación asiática.
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Compromiso de compras agrícolas: En contrapartida, la delegación china aceptó retomar de manera inmediata las compras de volumen masivo de insumos agropecuarios estadounidenses, con especial foco en la soja y el maíz.
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Mesa de negociación técnica: Ambas Administraciones designaron equipos especiales coordinados por el Departamento del Tesoro norteamericano y el Ministerio de Comercio chino para avanzar en un tratado marco permanente antes de la fecha límite del 10 de enero.
Reacción de las bolsas y mercados globales
El anuncio del congelamiento de las hostilidades comerciales generó una rápida respuesta positiva en los principales indicadores financieros: Wall Street abrió la rueda con ganancias en el sector tecnológico y las divisas emergentes registraron una apreciación frente al dólar, aliviando la presión sobre la deuda de países en desarrollo.



