El historiador Peralta Puy invita en su nueva obra a un viaje al pasado colonial de Santiago
El libro aborda los orígenes del municipio de Santiago del Estero, en el Siglo XVIII, durante la colonia española. Curiosidades sobre esa antigua ciudad.

El historiador Héctor Peralta Puy lanzó un nuevo libro “El Municipio santiagueño en el Siglo XVIII”, que aporta aspectos poco conocidos sobre Santiago del Estero durante la colonia española, en el contexto de las celebraciones por los 473 años de la fundación de la ciudad.
“Realizando una comparación de lo que ha sido el municipio colonial, con todas las distancias que hay, por supuesto, con la de la capital en la actualidad. Hemos podido ver cuestiones políticas, sociales, de pasatiempos del santiagueño, lo estructural, la limpieza, cómo se organizaba esa ciudad colonial aquí en Santiago del Estero. Analizamos detalles de color, cosas que nos llamaban la atención por porque no son conocidas”, explicó.
En ese sentido, refirió que “los documentos hablan de divertimentos de los santiagueños: juegos de cartas, por ejemplo, que los regulaba mucho el Cabildo hasta determinados años estaban prohibidos. También las carreras de parejas de caballos, el juego de pato, que también se llega a prohibir por su peligrosidad, porque incluso se llega a denunciar casos en donde aquellas personas que practicaron, y murieron por los golpes que se pegaban en trecho. Pero otra de las cosas que nos ha llamado la atención ha sido el uso de fuego de camareta, en 1770, que vendría a ser el fuego este artificial que conocemos en la actualidad. Eso también el Cabildo lo regulaba y lo prohibió durante muchos años, porque no solamente se lastimaban las personas, sino que terminaban incendiando las casas de los vecinos”.

Por otro lado, uno de los hallazgos fue la utilización de la palabra barrio en un acta capitular, en 1792: “Se habla de que se había que elegir dos alcaldes, pero lamentablemente en ese año no se dice más nada. Pero el año siguiente se vuelven a elegir los alcaldes por lo que ya se puede pensar que esa actividad de alcaldes para barrios sigue en vigencia y en 1794 ya mencionan los nombres de los barrios. El acta capitular de elección de los alcaldes antes que se hizo el alcalde para el barrio de San Francisco y el otro alcalde para el barrio de La Matriz”.
“Vemos que en la ciudad en esos momentos toma en cuenta de que se extendía desde la Mendoza hasta la Salta y Jujuy y desde la Belgrano nuestra acequia real, hasta lo que vendría a ser la actual calle Olaechea. Por supuesto, no era cerrada esa estructura, porque había más casas y viviendas y chacras para las zonas más alejadas”.
Peralta Puy resaltó que la disposición de esos dos barrios lleva a pensar que la estructura de la ciudad se direccionaba de este a oeste. El barrio de La Matriz se extendía desde la avenida Belgrano a la parte de atrás de lo que hoy es nuestro obispado hasta la calle Buenos Aires y desde la Buenos Aires hasta la calle Olaechea, en el barrio de San Francisco”.

El historiador explicó que esos cargos de alcaldes para estos dos barrios surgen por cuestiones de seguridad, de limpieza, urbanización, registros, los pagos de los impuestos, etcétera.
Además, en los archivos detectó la constitución del primer mercado: “Cuando pensamos en un mercado en Santiago Estero indudablemente no nos remitimos al mercado Armonía, un lugar emblemático en la actualidad. El primer mercado público de Santiago comenzó a funcionar como tal en un establecimiento con pago de alquiler para el municipio, con diversidad de actividades en cuanto a comercio, el 6 de diciembre de 1793”.
“En ese año se formaliza nuestro primer mercado público y ha funcionado en lo que eran las salas bajas del Cabildo, en ese momento, lo que hoy es nuestra actual calle Libertad, esquina peatonal Tucumán”, precisó.
En ese sentido, agregó que los mataderos funcionaban en la Plaza Libertad: “la carne se la faenaba ahí, en el interior mismo de la plaza, se vendía ahí mismo o en los portales del ayuntamiento, también al frente de la catedral. O sea, estamos hablando de una actividad comercial, de una vida económica santiagueña, dinámica, cambiante, diversa, saliendo de lo que es tradicionalmente conocido el siglo XVIII como un siglo de decadencia y pobreza. Por eso hemos querido hacer algo distinto de eso, darle una nueva mirada a nuestro Santiago del Estero”.
Peralta Puy indicó que el municipio colonial funcionó desde 1706 en la esquina de Libertad y Tucumán, cuando se terminó la edificación del Cabildo, después de los varios traslados que tuvo la ciudad. “Su construcción comienza desde 1702, cuando el municipio le compra los terrenos a Margarita Jeréz de Calderón y la finalización de la obra, 4 años después. En 1706 comienza a funcionar el cabildo en ese lugar, aunque tengamos en cuenta de que ha funcionado en ese momento después de las mudanzas que venía sufriendo la ciudad por el tema de las inundaciones”.
“Nuestro primer cabildo funcionó en los alrededores de la calle Balcarce, a donde estuvo asentada la ciudad por (Juan) Núñez de Prado. Nuestro segundo cabildo ha empezado a funcionar en los alrededores de lo que vendría a ser del campus de la Universidad Católica, cercano a lo que vendría a ser el Polideportivo Provincial, con el traslado de Francisco de Aguirre, 25 de julio de 1553”, indicó.

En cuanto al funcionamiento del Cabildo, el historiador consideró que su función también tuvo una fuerte impronta en el control de la de la moral pública y las buenas costumbres coloniales: “Había mucho control, porque era una sociedad jerárquica, estratificada, de castas compuestas por españoles, criollos, indios, negros, mulatos, zambos, muchas categorías étnicas intermedias que surgieron con el paso de los años. Y por supuesto que el control en uno de los tantos aspectos era la vestimenta: hay un caso emblemático, de Juan Balumba, en donde un indio –al que por momentos en el expediente se lo toma como mestizo- osa vestirse como español y para la época eso estaba prohibido. Hablamos de una de una casta inferior que no podía vestirse con esas ropas”.
“Y es castigado, por supuesto, con azotes en la plaza y trabajo forzado en el mantenimiento de del Cabildo, porque la sociedad española en esa época se basaba en ese control jerárquico para que no se intentara sobrepasar la condición social, el lugar en la sociedad. El caso de Juan es emblemático porque él ha querido pasar su estado de clasificación social vestido como español. Ahora uno también puede pensar qué habrá sentido Juan en esos momentos, al vestirse con capa hungarina, pantalón, una espada y zapatos. Hablamos de un transgresor, de una persona rebelde”.
Peralta Puy sostuvo que en su obra busca que el lector “imagine a nuestra ciudad en esa época, cómo vivían, comerciaban, cómo era la cuestión social, judicial, cómo se estructuraba la ciudad en esos momentos. La idea es que tengan ese viaje al pasado e imaginen a nuestra ciudad de esa manera”.
El historiador destacó que el libro se puede descargar de forma gratuita, a través de un código QR difundido en sus redes sociales, aunque adelantó que “dentro de las próximas semanas va a haber una nueva tirada gratuita –en papel- para para bibliotecas, para instituciones, para personas. La idea es que circule el libro, circule la información sobre nuestros antecedentes en la mayor cantidad de gente posible”.



