Vivir más y mejor: cómo los hábitos saludables están transformando la vejez
La longevidad crece en el mundo, pero los expertos aún debaten cuál es el límite de la vida humana.

La vejez en el siglo XXI se transita con hábitos más saludables que en generaciones anteriores. Una mayor incorporación de frutas y verduras a la alimentación, la reducción del tabaquismo y una vida más activa tanto física como mentalmente están contribuyendo a un envejecimiento más lento y a una mayor esperanza de vida.
A estos cambios se suman los avances de la medicina y la salud pública, que permiten detectar y tratar enfermedades en etapas tempranas. El control de factores de riesgo como la hipertensión arterial y el colesterol elevado ha contribuido a retrasar la aparición de diversas patologías asociadas al envejecimiento.
Según la investigadora Karin Modig, una persona de 65 años en la actualidad presenta condiciones de salud y niveles de energía muy diferentes a los de alguien de la misma edad hace tres décadas. La especialista, integrante del Instituto Karolinska, sostiene que el aumento de la esperanza de vida es una señal positiva, ya que refleja mejoras generales en la salud de la población.
Sin embargo, Modig aclara que una mayor esperanza de vida no significa necesariamente que la especie humana haya extendido su límite biológico de longevidad. Lo que ocurre es que cada vez más personas logran alcanzar edades avanzadas gracias a mejores condiciones sanitarias, prevención de enfermedades y avances médicos.
Los especialistas destacan que la longevidad no depende únicamente de la cantidad de años vividos, sino también de la calidad de vida. Mantener vínculos sociales, realizar actividad física, cuidar la alimentación y conservar un propósito en la vida son factores que contribuyen al bienestar durante la vejez.
Respecto de las edades más extremas, la ciencia aún no tiene respuestas definitivas. Los estudios realizados sobre personas centenarias y supercentenarias muestran trayectorias muy diversas, sin patrones claros que permitan explicar por qué algunas alcanzan los 110 años o más. Para los investigadores, la genética y el azar continúan desempeñando un papel importante.
Actualmente, el récord mundial de longevidad reconocido corresponde a Jeanne Calment, quien falleció en 1997 a los 122 años. Desde entonces, ninguna persona ha logrado acercarse a esa marca.
Diversos estudios científicos sugieren que, a partir de los 100 años, los beneficios de las intervenciones médicas y de salud pública son cada vez menores. Además, el riesgo de mortalidad aumenta de forma constante con el paso del tiempo. No obstante, algunas investigaciones plantean que después de los 110 años este incremento podría estabilizarse, una hipótesis que sigue siendo objeto de debate en la comunidad científica.
Mientras tanto, los expertos coinciden en que la mejor estrategia para alcanzar una vida larga y saludable continúa siendo la misma: mantener hábitos sanos, realizar actividad física regularmente, alimentarse de manera equilibrada y fortalecer las relaciones sociales a lo largo de toda la vida.
Fuente: Instituto de Medicina Ambiental del Instituto Karolinska.



