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El festín está servido

La Argentina atraviesa un período de retroceso que llevará muchos años revertir, al resetear su economía hacia la primarización, con la destrucción de la industria y generación de desempleo. Un banquete para pocos.

Javier Milei avanzará en los próximos meses con una serie de reformas profundas para transformar la Argentina en lo que EE.UU. y el círculo rojo siempre soñaron: un país con industria primaria, legislación laxa y mano de obra baratísima y fácilmente desechable. Una tarea sanguinaria para la que cuenta con el aval de algunos gobernadores y legisladores, a cambio de inconfesables favores. Es decir, abrazado a lo peor de la casta.

 

Para eso comenzó con una tarea de demolición del Estado desde el primer día de su llegada a la Casa Rosada, al destruir organismos de control y fiscalización. Ahora, asiste impasible al industricidio que golpea en todas las provincias, sin ir más lejos, en Santiago del Estero es emblemático el caso de Coteminas, que ya echó a cientos de trabajadores y redujo actividad por el ingreso desmesurado de importaciones que golpean a la industria textil. Pero no es la única: la provincia perdió un 5,4% de empleo registrado entre noviembre de 2023 e igual mes de 2025, de acuerdo al El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Según Indec, la capacidad ociosa industrial ya araña el 50% y en algunos sectores es aún mayor, como el textil.

 

Manuel Adorni, intentó esgrimir la falaz teoría de que el ingreso de importaciones no impacta en el empleo local y que, por el contrario, beneficia a los consumidores con mejores precios, ante un balbuceante y obsecuente operador mediático como Luis Majul. Una falsedad como tantas que se dicen a cara descubierta, porque la catarata de importaciones provoca la innegable destrucción de industria nacional y la pérdida de puestos de trabajo. Muchas plantas optaron por dejar de producir para limitarse a importar, como el sector electrodomésticos, con la consecuente reducción de personal. Otras, directamente bajaron persianas. Algo que ya se vio en la película “Plata dulce”, de 1982.

Si bien es cierto que gran parte de la industria se benefició con subsidios en diferentes gobiernos, muchos de ellos leoninos -como los de Tierra del Fuego, encabezados por Rubén Cherñajovsky y Nicolás “Nicky” Caputo, primo de Luis “Toto” Caputo-, la gestión libertaria se desentendió completamente de la faz productiva y atacó a varios capitanes de la industria por acusarlos de vivir de prebendas del Estado, lo que si bien es cierto, no es diferente a subsidiar el precio del dólar a costa del endeudamiento, para sostener la bicicleta financiera.

 

El presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Natalio Grinman, lo dijo sin pelos en la lengua: esa sangría industrial “es el precio que hay que pagar”, sostuvo con obsecuencia tras una reunión con Adorni, para defender el cierre de 21.000 industrias –la mayor parte Pymes- desde que asumió Milei. El impacto en el empleo público y privado, en ese mismo lapso, dejó unos 300.000 despedidos, que en parte fueron absorbidos por empleos “basura” de plataforma, que ya comienzan a saturarse. Y con un creciente alud de despidos cada vez serán menos los que podrán consumir.

 

Por eso viene como anillo al dedo la mentada ley de “Modernización Laboral” aprobada con sectores aliados y hasta con legisladores “peronistas” que asumieron con promesas muy distintas. En sus más de 200 artículos no contiene ningún beneficio para los trabajadores. Además, aumenta los niveles de explotación de los trabajadores, ataca la sindicalización y permite incrementar la rentabilidad de los empleadores privados, con el plus de despidos baratos y subsidiados por el mismo Estado, con un fondo tipo AFJP que beneficiará a algún empresario amigo y desfinanciará ANSES, por el desvío de aportes. Ninguna ley de empleo aumentó el trabajo registrado, en algún caso apenas permitió blanquear parte de las plantillas en negro, desde la propiciada por Armando Caro Figueroa a principios de los ’90, pasando por la “ley Banelco” de los 2000 y la actual, que implica una pérdida de derechos mayor a la que incluso logró la última Dictadura.

 

Esto ocurre mientras el gobierno aplica un darwinismo social, con su idea de la supervivencia del más apto, o la “destrucción creativa”, que se aplica en todos los ámbitos. Hasta ahora, los únicos ganadores son los sectores financieros y de industria primaria (minería, agro, energía), los que menos mano de obra absorben y aun así también ajustan sus plantillas.

 

En ese modelo, para nada se plantea una reconversión de la industria más eficiente, que produzca a escala y genere divisas. Por el contrario, el programa económico de Caputo se basa en el endeudamiento compulsivo que permite planchar el dólar,  y un drenaje de rentabilidad hacia cada vez menos manos, la bicicleta financiera y la fuga de capitales. Una película cuyo final ya se conoce: sólo cabe recordar el endeudamiento histórico con el FMI que protagonizó en 2017, para luego huir, lo que le valió insultos del propio Milei poco después, antes de reivindicarlo como “el Messi de las finanzas”.

 

El modelo Milei-Caputo no puede ejecutarse sin un fuerte esquema represivo, con salvajes ataques a manifestantes y periodistas, como producto del Protocolo Bullrich. Tampoco sería posible sin un blindaje de los grandes medios, la indiferencia de la Corte Suprema y las tibias reacciones de la CGT.

Pero esto acontece mientras la oposición peronista pierde legisladores que se “suman a las fuerzas del cielo” y se sumerge en luchas intestinas, que sólo favorecen a Milei. Santiago del Estero es una de las cada vez más escasas jurisdicciones que no se plegó a la genuflexa colaboración de otras, como Tucumán, Catamarca, Salta, Jujuy y Chaco, pero eso no fue gratuito. Aparte del recorte de numerosos programas nacionales, aparece entre las diez provincias con mayores pérdidas de recursos, con una merma estimada en $37.620 millones, lo que la ubica además como la segunda más afectada de la región del NOA. Por el contrario, Milei premia a otras provincias dóciles, como Corrientes, que encabeza las transferencias nacionales.

 

Es curioso pero la reprimarización de la producción argentina y de la región siempre fue planteada casi como un destino manifiesto por los imperios coloniales, desde España, Inglaterra hasta EE.UU. Incluso, Adolf Hitler, en “Mi Lucha”, la veía como una zona rica en recursos, pero “arruinada” por el mestizaje, destinada a ser dominada económicamente por potencias superiores. Enormes extensiones que proveerían de alimentos y minerales a su llamado “espacio vital”.

 

El destino de la Argentina, para el gobierno de Milei, está en retornar a una edad dorada de hace un siglo, cuando pocos estancieros se repartían ganancias inconmensurables, construían palacetes y hasta embarcaban sus propias vacas en sus viajes a Europa, mientras una masa de obreros languidecía y era reprimida con salvajismo por la policía y el ejército.

 

Ahora, Milei se envalentona con profundizar las reformas para desguazar el país y ambiciona ser reelecto en 2027, pese a que la economía se encuentra en crisis y sólo marcha por la ayuda de Donald Trump, a cuya suerte está atado.

 

Milei quiere retornar hacia ese país para pocos, con grandes masas de población sobrante librada a su suerte y que, por ahora, no reaccionan frente a un catastrófico y previsible final. Mientras tanto, Argentina se parece a un festín servido para el capitalismo depredador sobre un cuerpo desnudo, como en el Nyotaimori o Body-Sushi, la excéntrica comida de los ricos japoneses.

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