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INDEC: ¿La resurrección del «dibujo» o el fin de la Verdad Estadística?

La renuncia de Marco Lavagna al INDEC marca el fin de la tregua estadística en Argentina, revelando la creciente desconfianza hacia los índices oficiales. Un estudio con 10,000 agentes sintéticos indica que el 61.6% de los argentinos cuestiona la veracidad del costo de vida reflejado. La canasta de 2004 no es representativa de la realidad…

Por Diego Navarro (*)

 

La reciente renuncia de Marco Lavagna al INDEC no fue un mero trámite administrativo; fue el acta de defunción de la tregua estadística en Argentina. En los pasillos de la Casa Rosada se celebra una inflación que coquetea con el 2,9%, pero en las góndolas de Santiago del Estero, los barrios de CABA, la provincia de Buenos Aires y las bodegas de Mendoza, se gesta una rebelión silenciosa.

 

Nuestra última simulación de la Consultora Polites, sobre 10.000 agentes sintéticos, arroja un dato que debería quitarle el sueño al ministerio de Economía: el 61.6% de los argentinos ya no cree que el índice oficial refleje su costo de vida real.

 

LA CANASTA DE LA DISCORDIA (2004 VS. REALIDAD)

El pecado original del actual esquema es el regreso a la canasta de consumo del año 2004. Pretender medir la inflación de 2026 con los hábitos de hace 22 años es una decisión política, no técnica.

 

En 2004, internet era un lujo, no existían las apps de movilidad y, fundamentalmente, las tarifas de servicios públicos representaban una fracción mínima del gasto familiar. Hoy, con la quita de subsidios, la luz, el gas y el transporte son el corazón del déficit del hogar. Al ignorar este peso relativo, el INDEC genera un «ahorro estadístico» que permite licuar partidas presupuestarias, pero que choca de frente con la percepción del ciudadano que paga las facturas.

 

RADIOGRAFÍA FEDERAL: EL MAPA DEL ESCEPTICISMO

La desconfianza no es uniforme, pero es mayoritaria en los puntos clave del país:

 

Santiago del Estero (78% Desconfía): El NOA sufre una inflación logística y de alimentos que el promedio nacional ignora sistemáticamente. En nuestra provincia, el rechazo al dato oficial es casi absoluto.

 

Provincia de Buenos Aires (64% Desconfía): El distrito más poblado es el epicentro del «voto bolsillo». La brecha entre el IPC y el ticket del súper es la mayor debilidad del discurso oficial.

 

CABA (52% Desconfía): En la Capital, el escenario es de paridad crítica. El costo de las prepagas, expensas y servicios privados (subestimados en la canasta 2004) ha empezado a quebrar la confianza de la clase media porteña.

 

Mendoza (49% Desconfía): Un empate técnico. El votante mendocino equilibra su afinidad política con la suba de costos locales de energía y combustibles, situándose en el límite de la credibilidad.

 

LA FISURA INTERNA: EL 35% QUE EL GOBIERNO IGNORA

Lo más explosivo de nuestro análisis no es el rechazo opositor. Lo verdaderamente disruptivo es la fuga de credibilidad interna.

 

No es solo la oposición la que duda: 1 de cada 3 votantes de Javier Milei (35%) ya no cree en el dato oficial. Este grupo no se ha vuelto opositor, pero su lealtad ya no es ciega. Sienten que el gobierno, en su afán por mostrar resultados financieros «limpios», ha empezado a sacrificar su activo más valioso: la autenticidad.

 

CONCLUSIÓN

Si el gobierno persiste en validar una cifra que el 62% del país desconoce, corre el riesgo de quebrar el contrato de confianza con su propia base. La estadística puede cerrar en el Excel de un despacho en Buenos Aires, pero si no cierra en la billetera de los argentinos, la batalla por el relato está perdida.

 

En Argentina, ya sabemos cómo terminan los experimentos que confunden la realidad con la propaganda.

 

  • Responsable de la Consultora Polites. Licenciado en Ciencias Políticas (UCSE); profesor en Ciencias Políticas (ISPP N°1) y Técnico en Información Económica y Social (UNSE).

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