Manuel Belgrano y el cáñamo: el proyecto industrial que la historia relegó
El prócer imaginó un país que produjera, industrializara y comerciara con recursos propios; su apuesta por el cáñamo como industria estratégica fue un sueño adelantado a su tiempo y frustrado por el orden colonial.

Reducido muchas veces a la postal escolar del creador de la bandera, Manuel Belgrano fue también un pensador económico, un funcionario ilustrado y un adelantado en materia de desarrollo productivo. Entre sus múltiples preocupaciones, hubo una que durante décadas quedó fuera del relato oficial: su firme impulso al cultivo del lino y del cáñamo —una variedad de cannabis de uso industrial— como base para una economía más justa, autónoma y próspera en el Río de la Plata.
Lejos de cualquier mirada anacrónica, Belgrano entendió al cáñamo como una herramienta estratégica: generadora de trabajo, insumo clave para la navegación, materia prima para la industria textil y vía concreta para mejorar las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. Su proyecto, frustrado por los intereses coloniales, hoy vuelve a interpelar a la Argentina ante la formalización de la industria del cannabis.
Desde su rol como secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires, Belgrano impulsó la divulgación científica y la aplicación práctica del conocimiento. Su mirada era clara: la agricultura debía dejar de ser mera subsistencia y convertirse en el motor de un desarrollo económico con valor agregado.
El cáñamo ocupó un lugar central en esa visión. No solo por su adaptabilidad al territorio, sino porque permitía articular producción primaria, manufactura e intercambio comercial. Para Belgrano, fomentar este cultivo significaba generar empleo, reducir la pobreza y dotar a la región de herramientas productivas propias.
En 1797, dejó plasmadas estas ideas en su escrito Utilidades que resultarán a esta Provincia y a la Península del cultivo del lino y el cáñamo, donde afirmó: “Son increíbles los beneficios que proporciona a un país un nuevo cultivo provechoso”. La frase, dos siglos después, conserva plena vigencia.

El cáñamo como insumo estratégico del Imperio
La importancia del cáñamo excedía lo local. Según el historiador Alfred Crosby, fue un producto estratégico comparable al petróleo en la era moderna. Desde el siglo XVII hasta bien entrado el XIX, las grandes potencias navales dependían del cáñamo para cuerdas, velas y aparejos.
Las marinas de Inglaterra, Francia y Rusia se disputaron su suministro, conscientes de que sin esa fibra no había flota posible. En la batalla de Trafalgar (1805), por ejemplo, los barcos británicos —impermeabilizados y aparejados con cáñamo— resultaron decisivos para derrotar a la flota franco-española.
Belgrano comprendió este escenario global y propuso insertar al Río de la Plata en esa cadena estratégica, produciendo cáñamo, industrializándolo y comercializándolo con flota propia. España, sin embargo, jamás acompañó ese proyecto.
“Son increíbles los beneficios que proporciona a un país un nuevo cultivo provechoso”, Belgrano

Un proyecto bloqueado por el colonialismo
El economista Rodrigo López, especialista en la vida y obra de Belgrano, explica que el prócer promovió el cultivo de lino y cáñamo como parte de una política económica integral. Incluso propuso que el Estado comprara las cosechas completas para garantizarles mercado a los productores.
Pero la respuesta fue el desinterés y la obstrucción. Belgrano lo advirtió con crudeza en su autobiografía: los comerciantes peninsulares solo buscaban “comprar por cuatro para vender por ocho”, sin interés alguno en el desarrollo local.
A ello se sumaron las resistencias internas: contrabandistas, sectores ligados al monopolio comercial y una Corona que veía en esas ideas un germen de autonomía económica. El cáñamo, como otros proyectos belgranianos, chocó contra el muro del orden colonial.
Belgrano no fue un teórico abstracto. Estudió tratados europeos sobre el cultivo del cáñamo, trabajó junto al botánico Martín José de Altolaguirre y experimentó con semillas en quintas de la zona de Recoleta, entonces periferia de Buenos Aires.
La memoria que escribió sobre el cultivo resulta, según López, “llamativamente técnica”. Allí detalla cómo preparar la tierra, elegir semillas, determinar la época de siembra, garantizar el riego, cosechar, secar y procesar la fibra. Un verdadero manual de cultivo, que dialoga con saberes campesinos y científicos.
Su preocupación no terminaba en el campo: proponía industrializar la fibra, generar manufacturas y, finalmente, comerciarlas con marina mercante propia.

Trabajo, mujeres y combate a la miseria
Uno de los aspectos más notables del pensamiento de Belgrano es su dimensión social. Veía en el cáñamo una salida dignificante para los sectores más pobres y, especialmente, para las mujeres.
En sus escritos sostuvo que el cultivo y procesamiento del lino y el cáñamo podían convertirse en “exterminadores de la miseria”, al brindar trabajo a quienes estaban expuestos al hambre, la enfermedad y la exclusión. La cadena productiva incluía tareas agrícolas, artesanales e industriales, integrando a poblaciones marginadas a la economía formal.
En 2021, durante la presentación del proyecto de ley para regular la industria del cannabis, la diputada Mara Brawer evocó a Belgrano como su primer impulsor en el país. “Estamos recuperando el sueño de Belgrano con la tecnología del siglo XXI”, afirmó, destacando el potencial del cáñamo para la industria textil, la construcción, las autopartes, los biocombustibles y la alimentación.
La comparación no es casual. Hoy, como entonces, el desafío no es solo producir materia prima, sino construir una industria nacional que evite el extractivismo, agregue valor y genere desarrollo federal.
Un legado que interpela
Pensar el cannabis desde Belgrano implica discutir soberanía económica, justicia social y política industrial. Implica también reconocer a la economía popular, reparar daños del punitivismo y articular actores tan diversos como PyMEs, científicos, cultivadores, cooperativas y el Estado.
La reciente conformación de la Cámara de Emprendedores Cannábicos Argentina (CECA) retoma, de algún modo, aquella consigna belgraniana: “Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio”.
Dos siglos después, el proyecto inconcluso de Belgrano vuelve a golpear la puerta de la historia. No como curiosidad, sino como pregunta abierta sobre qué país queremos construir.
Fuentes consultadas
- Belgrano, Manuel. Utilidades que resultarán a esta Provincia y a la Península del cultivo del lino y el cáñamo (1797).
- Soriano, Fernando. Marihuana.
- López, Rodrigo. Investigaciones sobre la obra económica de Manuel Belgrano (CESO).
- Crosby, Alfred. Estudios históricos sobre cultivos estratégicos y expansión imperial.
- Orozco, Celeste. Artículos en revista THC.
- Garavaglia, Juan Carlos. Estudios sobre “estancias de cercanía”.
- Brawer, Mara. Intervención parlamentaria sobre la ley de cannabis (2021).
- Notas periodísticas en Infobae y El Planteo.



