Cultura

7 de enero de 1827: los héroes desterrados que Buenos Aires recibió como propios

Desterrados del Perú tras las guerras de independencia, Mariano Necochea e Isidoro Suárez regresaron a Buenos Aires en 1827, convertidos en símbolos de la dignidad militar y de las tensiones políticas que siguieron a la emancipación americana.

El 7 de enero de 1827, el puerto de Buenos Aires fue escenario de un recibimiento cargado de simbolismo histórico. Llegaban desde el exilio el general Mariano Necochea y el coronel Isidoro Suárez, dos militares argentinos que habían combatido en las campañas decisivas por la independencia de Chile y el Perú, y que, paradójicamente, volvían a su patria tras ser desterrados por quien había sido uno de los grandes libertadores de América: Simón Bolívar.

Ambos oficiales habían derramado su sangre en las batallas de Junín y Ayacucho, enfrentamientos que sellaron la derrota definitiva del poder colonial español en Sudamérica y aseguraron la libertad del antiguo Imperio Inca. Sin embargo, una vez concluida la guerra, el escenario político cambió. Las ambiciones de Bolívar por consolidarse como autoridad suprema en los territorios liberados generaron tensiones internas, descontento y movimientos de oposición entre militares y civiles.

En ese clima de sospechas y disputas, varios oficiales argentinos que permanecían en Perú fueron señalados como partícipes de un presunto complot contra el poder bolivariano. Aunque nunca se pudo probar la responsabilidad directa de Bolívar en dichas acusaciones, la decisión fue contundente: el destierro. Entre los expulsados se encontraban, además de Necochea y Suárez, los generales Alvarado y los coroneles Estomba, Videla y Castillo.

El historiador Domínguez dejó testimonio del profundo agravio que esta medida significó para Necochea, quien vivió el destierro como una afrenta a su honor militar. Fiel a sus principios, el general protagonizó un gesto que atravesó el tiempo como símbolo de dignidad: devolvió al gobierno peruano sus despachos y documentos de crédito, afirmando que no quería llevarse del Perú “sino sus heridas”.

La llegada de Necochea y Suárez a Buenos Aires no fue, entonces, la de simples exiliados, sino la de héroes incomprendidos, hombres que habían contribuido decisivamente a la emancipación americana y que regresaban marcados por las contradicciones de la política posindependentista. Aquella jornada de enero de 1827 dejó una lección perdurable: la historia de la independencia no solo se escribió en los campos de batalla, sino también en los conflictos, injusticias y silencios que siguieron a la victoria.

Fuente: https://mendozantigua.blogspot.com/ 

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